jueves, 8 de mayo de 2014

Si algo no necesita nuestro país
es confusión. Si algo necesitamos es claridad. Si algo es urgente dejar encima
de la mesa, es la verdad.
Desde el compromiso de los
anteriores comicios, el panorama político ha sufrido algunas transformaciones.
Se han creado nuevos partidos, la mayoría con un tono populista y poco creíble
y, generalmente, con personajes variopintos que han venido “trabajando” y “vendiéndose”
en los diferentes medios que le daban oportunidades, para llegar a unas
elecciones y arañar algunos miles de votos. Generalmente serán partidos
ocasionales, de un momento, de una época determinada y sus líderes no tienen más
discurso, por ahora, que el obvio y el
populista, el discurso fácil con unas dosis importantes de demagogia que tanto
efecto hace cuando las cosas no van bien, mientras le regalan el oído a los
ciudadanos y ciudadanas con sonsonetes archisabidos y agradables de escuchar en
una sociedad rota por la crisis, fracturada por los desequilibrios sociales,
retrocediendo en libertades, y que se
agarra a un clavo ardiendo.
Ningún español o española nos
declaramos políticos o políticas, hasta que lo somos más que nadie, y para no
quebrarnos la cabeza demasiado, nos acercamos al último que llega y que nos
suelta algo que la inmensa mayoría lo pensamos pero que también otros partidos
políticos históricos y consolidados lo piensan. Por lo tanto, tampoco es nada
nuevo.
Respecto a los partidos
políticos del arco parlamentario en este tiempo, la mayoría, por desgracia, y
de ahí que vengan también los movimientos que hemos citado anteriormente,
desconcertados algunos, con grandes intereses otros, han permanecido en nuestro
Parlamento tratando de pasar desapercibidos y aprovechando determinadas
oportunidades al objeto de que el desgaste de los grandes les lleve a arrancar
votos de uno y otro lado.
Sin embargo, poco o nada, se han
preocupado de la regeneración democrática y nada se han preocupado de su propia
evolución y regeneración interna, limitándose a hacer oposición más o menos
acertada, a un gobierno con mayoría absoluta que todo se lo ha llevado y
seguirá llevando por delante y cuando digo todo, me refiero a los logros
políticos, sociales y económicos que l@s español@s habíamos conseguido con
mucho esfuerzo y trabajo durante mas de treinta años de democracia.
Y llegamos a los dos grandes
partidos donde lo primero que observamos son los movimientos de uno y el otro
en cuestiones internas. Mientras el PSOE convocó y celebró una Conferencia
política importantísima –una de las mayores de su historia- que está cambiando y
cambiará los programas y el funcionamiento interno de la organización, el PP se
ha conformado con celebrar esas “convenciones” tipo americano que no son otra
cosa que una exaltación del ego personal y colectivo del partido. De esas que
no se dan besos porque no pueden…
El PSOE, mi partido, no ha parado
quieto un instante y si bien la inmensa mayoría de medios de comunicación no le
son afines, ni siquiera cercanos, sí ha venido haciendo una labor de oposición,
seria, contundente y sobre todo responsable, muy responsable, demasiado quizás
para lo que el populismo instalado en algunos sectores de nuestra sociedad
reclamaba. Lástima que no siempre haya llegado a los ojos y los oídos de los
ciudadanos y ciudadanas por lo que acabamos de apuntar.
Mi partido ha considerado que
era tiempo de cambios profundos, de transformaciones, de ahondar en la
democracia, libertades y derechos, pero no era tiempo de hacer tabla rasa de lo
que con tanto esfuerzo hemos construido.
Por eso, a las elecciones
europeas llega un PSOE nuevo, con unas bases de funcionamiento distintas y una
participación democrática, de afiliad@s y simpatizantes como no se ha dado ni
dará en ningún partido de España e incluso de Europa. El debate interno del
PSOE en cada una de sus agrupaciones es constante y muy rico. La discusión
democrática y seria es algo que se produce en cada agrupación local, cada día,
cada semana. Nuestra autocrítica es constante y de ahí siempre saldrá la luz
democrática.
Todo esto no son cuestiones que
destaquen en un día, ni en unos meses, porque es un trabajo abnegado y
silencioso el que se realiza entre las bases del partido y entre las
organizaciones locales. Todo esto se verá más externamente cuando se celebren
las primarias para elegir al líder o lideresa que, por primera vez en nuestro
país serán eso: unas auténticas primarias con una participación extensísima de
la ciudadanía. Esto no lo harán nunca otros partidos y desde luego ni por lo
más remoto el PP.
Mientras, en estos años, un líder
veterano, con responsabilidad histórica, un hombre de Estado, profundo
demócrata e inteligente y preparado como pocos, está conduciendo nuestro
partido con seriedad y honestidad, mientras
surgen nuevas personas comprometidas con el socialismo que destacan poco
a poco, como es el caso más relevante de todos, el de nuestra presidenta andaluza,
Susana Díaz.
Ante todo esto creo que es
fundamental acercarse a votar en estas elecciones, dejarnos la bilis que nos
pueda correr por dentro al ver los desmanes de algunos políticos insensibles, e
ir hasta la urna a depositar nuestro voto y de una manera muy importante los y
las jóvenes, esos y esas que están sufriendo en gran medida los efectos de un
gobierno sin futuro, y sin alma democrática, de un gobierno atenazado por los
empresarios y los intereses económicos y financieros. Un gobierno que solo
premia a las élites y castiga a los más humildes.
Y es muy importante votar en
esta ocasión porque, por vez primera, las elecciones europeas no serán algo más
o menos de trámite para conformar un parlamento europeo, de recomendaciones,
consejos, directivas y subvenciones. No es así. Por vez primera la cámara
europea tendrá mayor poder legislativo y por vez primera se elegirá de una
manera más o menos directa a un conservador o a un progresista, a alguien de derechas
o a alguien de izquierdas, que regirá los destinos de Europa en los próximos
años y, por tanto, y de una manera importante, los de todos los países de la
Unión y por supuesto de España.
A estas alturas, aparte de
cuestiones internas que tenemos a la vista de todos, hay que pensar si queremos
seguir en Europa con líderes conservadores apegados a la Bolsa, a las agencias
económicas, a los especuladores financieros, a los intereses particulares y económicos
de una élite europea y española o queremos unos líderes progresistas que
encaucen de una vez por todas el futuro y el camino a recorrer para solucionar
los problemas de tantos europeos y españoles de a pie que, por mucho que nos
mareen con cifras macroeconómicas, no vemos esa luz al final del túnel.
Las políticas económicas
emanadas de gobiernos conservadores y de un gobierno europeo conservador, ya
vemos las consecuencias que nos han traído a algunos países y las que han
traído para España, donde volver a nuestro nivel de vida anterior será cuestión
de muchos años y desde luego nunca con un partido de derechas o conservador,
que han sido los que nos han arrebatado prácticamente todo y ha conseguido una
fractura social de incalculables consecuencias.
Pero no solo es cuestión de
economía. En España estamos viendo y por extensión en otros países de Europa,
una reducción constatable en derechos y libertades, en profundización y regeneración
democrática.
Esta
claro que el Partido Popular y la derecha europea se han instalado en un
inmovilismo total en este aspecto y, en casos puntuales como en nuestro país,
se ha retrocedido en gran manera y hemos vuelto a legislaciones de hace muchos
años.
Mientras en el PSOE pedimos a
gritos que se cambien leyes y se reforme la Constitución para adaptarla a los
tiempos actuales y para responder de una vez a las demandas de la calle, el PP
mira para otro lado en compañía de algunos partidos pequeños que nada o poco
quieren saber de cambios en profundidad que a nosotr@s, sin embargo, nos
parecen imprescindibles para poder seguir caminando en democracia.
Por si fuese poco el problema
de Cataluña necesita soluciones que en buena parte pueden venir auspiciadas por
la actitud europea y nos guste más o nos guste menos, el problema catalán no es
algo que se pueda cerrar en falso, poniendo un parche o una tirita en la herida,
es algo importante que necesita de soluciones arriesgadas, de mucho diálogo y
de un gran consenso para que Cataluña pueda seguir formando parte de España y
España no pierda nunca a Cataluña.
No creemos que la derecha
instalada ahora en el poder en la Unión, por moderada que pueda ser, comparada
con la española, ofrecerá alternativas de diálogo, soluciones y apoyo a un país
que se encuentra con que una Comunidad Autónoma quiere abandonarlo.
Son suficientes problemas de
gran envergadura y es tanto lo que nos jugamos en los próximos años, que no nos
valdrá ya decir, como hace unos meses o unos años se decía en la calle por
algunos ciudadanos, “pido perdón por haberme equivocado al votar”. No nos vale
el arrepentimiento, ya no nos podemos volver a equivocar y para eso antes hay
que valorar y sopesar con objetividad quien puede defender mejor nuestros
intereses en Europa y quien no retrocederá sobre todo lo conseguido hasta ahora
en España y fuera de aquí. Todo es cuestión de tiempo y esa fecha es el próximo
25 de mayo.
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